La paradoja de la globalización, el análisis de Dani Rodrik

En la obra La paradoja de la globalización, el autor, Dani Rodrik, analiza históricamente el avance mundial hacia la globalización cuestionando el mismo. Relaciona los conceptos de democracia y globalización comentando la forma en la que ambos puedan llegar a coexistir en un futuro.

Para ello analiza realiza análisis históricos, políticos y económicos de distintas épocas y países, quitando conclusiones y finalmente planteando una forma de globalización dirigida especialmente a la prosperidad y sosteniblidad.

globalizacion

SOBRE EL AUTOR

Dani Rodrik es catedrático de economía política internacional en la Universidad de Harvard y conocido crítico de la globalización.dani rodrik

Ha recibido, entre otros galardones, el premio Albert O. Hirschman del Social Sciencie Research Council. Es colaborador ocasional de The Economist, New York Times, Financial Times, New Republic…

 

 

 

De mercados y Estados. La globalización en el espejo de la historia.

En este primer capítulo el autor comenta la relación entre el Estado y los mercados en el contexto de países esencialmente capitalistas.

Pone como ejemplo distintas compañías (Compañía de la Bahía de Hudson, Compañía Inglesa de las Indias Orientales) que en s.XVII lograron hacerse con el monopolio de la explotación de distintos sectores con el imprescindible apoyo de sus Estados correspondientes.

No sólo lograron un monopolio económico en las zonas en las que operaban, sino también un control político e incluso militar. Gobernaban políticamente y marcaban las reglas comerciales, es decir, poseían todo el poder.

El éxito de estas empresas se debe en gran medida a la superación de los costes de transacción, lo cual hace que se puedan obtener los máximos beneficios en el comercio.

A partir de la creación de estas empresas los Estados ya desarrollados, generalmente, han avanzado en dirección a un sistema mundial capitalista. En autor dice; los únicos países que han logrado hacerse ricos bajo el capitalismo son los que han creado un amplio conjunto de instituciones formales para gobernar a los mercados. Si esto es así nos encontramos con un sistema que defiende el libre comercio que para ser rentable debe de ser dirigido por instituciones gubernamentales, es decir, una intervención estatal en la economía. La “mano invisible” de la que hablaba Adam Smith.

De todas formas debemos cuestionarnos si un gobierno democrático debe priorizar los intereses de los mercados o los de sus propios ciudadanos. En algunas ocasiones las leyes no deben estar dirigidas a favorecer a grandes empresas sino dirigirse a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Los servicios públicos, por ejemplo, no son creados con el objetivo de crear un beneficio a un sector económico, un hospital no debe actuar como una empresa sino como un servicio. Si un Estado lo privatiza puede generar un nuevo mercado, el de la sanidad, donde algunas empresas tendrían beneficios. Puede mejorar los datos económicos de un país pero, ¿mejora la calidad de vida de sus ciudadanos o favorece la desigualdad?

Por otra parte cuando un Estado se abre al comercio internacional se enfrenta a unas reglas distintas a las que hay en su territorio tales como aranceles y se debe enfrentar a los costes de transacción, los cuales “son mayores que en los intercambios en el interior de un país”. Teniendo en cuenta esto quizás una política económica autárquica sea más rentable en lo referido a los costes de transacción pero hay otros factores que debemos que tener en cuenta tales como la productividad y especialización en distintos sectores para ser más competitivos internacionalmente.

Finalmente el autor llega a la siguiente conclusión; los mercados no se crean solos, no se regulan solos, no se estabilizan solos, ni se legitiman solos. Es esta la paradoja de la globalización ya que se supone que pretende ser un sistema capitalista de libre comercio y a su vez debe ser regulado por distintas reglas internacionales dirigidas al consenso entre países y a minimizar los costes de transacción.

Ascenso y caída de la primera gran globalización.

En el s.XIX a partir de la Revolución Industrial se crea en Europa un nuevo panorama económico dirigido a lo que posteriormente se denominaría globalización. El principal teórico de la época fue el librecambista Adam Smith.

En este capítulo se analiza el avance del capitalismo y la globalización en los siglos XIX y XX con sus principales teóricos hasta llegar a la creación del patrón oro. Con el se crean bancos centrales que controlaran el valor de las divisas adaptándolas al mencionado patrón oro. Este dejaría de ser viable después de la Primera Guerra Mundial y a raíz de la crisis del 29.

Con esta crisis se demostró cómo la caída de la economía de un país tiene repercusiones directas en los países relacionados con el mismo. Como repercusión se rompe el patrón oro y los países llevan a cabo políticas más proteccionistas.

Como reflexión final Dani Rodrik cita a Jeffry Frieden, politólogo de Harvard: “Quienes apoyaban el orden clásico habían argumentado que dar prioridad a las relaciones económicas internacionales requería quitar importancia a las preocupaciones tales como las reformas sociales, la construcción de la nación y la defensa nacional”.

Siguiendo esto debemos volver a considerar nuestras prioridades y si la globalización es el proceso a seguir se deben establecer medidas que la equilibren con el progreso no sólo en el ámbito económico, también en el social.

¿Por qué no todos entienden el argumento a favor del libre comercio?

Dani Rodrik relaciona el comercio con el progreso tecnológico, relacionados de forma directamente proporcional. Si un país puede acceder fácilmente a la tecnología producida por otro esto hará que el progreso tecnológico del primer país aumente. No tendrá que afrontar los gastos económicos, estructurales, institucionales y de tiempo que conlleva la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, simplemente deberá invertir en la compra de las mismas. Pero para valorar esto se deben tener en cuenta las condiciones de producción y compra. Para ello menciona el ejemplo de Martyn respecto a Inglaterra y la India. A Inglaterra le compensa comprar determinados productos a la India ya que le sale más barato que producirlos por lo tanto le interesa el comercio internacional, con la India en este caso. Siguiendo la teoría de las ventajas comparativas cada país comercializará con lo que sea más productivo y comprará al exterior lo que mejor produzcan otros países, entendiendo “mejor” como la minimización de costos.

Según muchos economistas el libre comercio es el mejor sistema a pesar de que socialmente sea muy criticado al relacionarlo directamente con la desigualdad y distintas injusticias sociales que se cometen en todo el mundo. Esto es analizar los costes sociales.

Se deben examinar las condiciones en las que, por ejemplo, la India produce sus manufacturas. Para que a Inglaterra le salga rentable el intercambio comercial, India debe producir con unos determinados costes que disminuirán el precio final del producto. Para que estos costes sean mínimos y ante la falta de legislación y control los trabajadores de las empresas se ven sometidos a condiciones inhumanas; elevadas horas de trabajo, falta de seguros, salarios indignos…

El autor dice: las empresas del exterior pueden obtener una ventaja competitiva no solo porque sean más productivas o la mano de obra sea más abundante (y por lo tanto más barata), sino también porque impiden que los trabajadores estén protegidos por convenios colectivos. Esto es lo que no se puede permitir, es contrario a al idea de progreso que un país se beneficie de otro de esa forma. Si queremos internacionalizar completamente el comercio también se debe hacer lo mismo con los derechos humanos y entre ellos con los de los trabajadores.

Se pone como ejemplo el de un periodista que llama a un economista preguntando por las ventajas del librecomercio y este le contesta; quienes se oponen al libre comercio no entienden el principio de la ventaja comparativa o representan los intereses de determinados grupos (por ejemplo, los sindicatos.) Habría que matizar que esos grupos defendidos, por ejemplo, por sindicatos, son la mayoría de la población mundial, la clase trabajadora.

En este capítulo se ponen ejemplos de argumentos a favor de la globalización y el libre comercio entre los que podemos destacar: “En la práctica, el libre comercio hará que a la mayoría de la gente le vaya mejor a largo plazo, como sucede con el progreso tecnológico.”; “Es un asunto moral que tiene que ver con la libertad de las personas para elegir con quién hacer negocio.”…

Finalmente el autor concluye que uno de los errores a la hora de dar argumentos a favor del libre cambio es la simplicidad de los mismos, ya que no entran en matices ni comentan las desventajas, haciendo que estos sean fácilmente criticables por economistas o políticos de tendencia proteccionista y por la misma opinión pública a la cual parece que no terminan de convencer.

Bretton Woods, el GATT y a la OMC. Comercio en un mundo politizado.

Bretton Woods fueron una serie de acuerdos que tenían como finalidad poner fin al proteccionismo derivado de la Primera Guerra Mundial, estableciendo reblas para establecer un comercio internacional librecambista. A partir de estos acuerdos el dólar se convierte en la moneda de referencia y se crea el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En estos acuerdos tuviernon gran importancia las ideas de Keynes, uno de los grandes economistas del s.XX y de los más influyentes de la historia.

El GATT se basa en las reuniones periódicas de los estados miembros, en las que se realizan negociaciones tendientes a la reducción de aranceles, según el principio de reciprocidad. Las negociaciones se hacen miembro a miembro y producto a producto, mediante la presentación de peticiones acompañadas de las correspondientes ofertas. El autor resalta la influencia de Estados Unidos en la misma. Las medidas llevadas a cabo por la GATT fueron débiles e hicieron que la institución tuviera deficiencias evidentes y que la nueva Organización Mundial del Comercio, que nació en 1995, resultara mucho más atractiva para el libre comercio. El poder de la OMC es mucho mayor que el que tuvo en su día el GATT.

En este capítulo también se muestra la vacilación o los cambios de idea respecto a la globalización de distintos economistas como Keynes o Krugman. De este último destaca su argumento de que el comercio internacional tiene un impacto negativo, en EEUU, para los trabajadores del extremo más bajo de la distribución de la renta.

Es decir, la globalización acentuaría las desigualdades. Para luchas contra esto el autor dice que la solución no son las políticas proteccionistas sino las políticas nacionales que compensen a los “perdedores” aunque este tipo de ayudas, está demostrado, que en ocasiones no se llegan a dar.

Por lo tanto llama a tener en cuenta los costes sociales del comercio internacional para lograr una globalización socialmente aceptada.

Despropósitos de la globalización financiera.

En este capítulo se hace referencia especialmente a las medias adoptadas por el FMI para liberar el capital global y la repercusión y postura adoptada por distintos países.

Por otra parte lo compara con el consenso de Bretton Woods que, siguiendo la idea de Keynes, daban a cada gobierno el “derecho explícito a controlar todos los movimientos de capital” de forma permanente. A la vez que abogaban por el principio de que las economías nacionales necesitaban ser gestionadas con el fin de garantizar el pleno empleo y el crecimiento adecuado.

Al comparar estas dos medias finalmente llega a la conclusión de que la globalización financiera es un error, tomando como ejemplo el de China, un país que logró los mayores resultados de crecimiento económico siguiendo las medidas de Bretton Woods.

Los zorros y los erizos de las financias.

La comparación entre los “economistas zorros” y los “economistas erizos” es una de las más visuales y ejemplificadas de la obra.

El autor identifica a los erizos como los que tienen una idea central y ven el mundo exclusivamente a través de ella, sin fijarse en complicaciones ni excepciones. Los zorros, en cambio, tienen una visión mas diversa y escéptica del mundo, creen que las complicaciones del mundo real requieren un enfoque mucho más precavido y que sea sensible al contexto.

La economía, como ciencia social, no es una ciencia exacta. No se puede establecer ninguna teoría ni medida económica que se vaya a cumplir exactamente tal cual lo previsto, cualquier mínimo cambio en el contexto la alteraría, y estos cambios se producen continuamente. Podemos reducir y simplificar los casos a analizar y adoptar visiones más genéricas, partiendo de la suposición de que todo salga según lo previsto, como haría un economista erizo. La teoría o medida planteada se cumpliría en el mundo idealizado en el que la planteamos. El economista zorro no contempla la posibilidad de todas las complicaciones que se pueden dar ya que el panorama económico esta sujeto a numerosos e imprevisibles cambios, muchos de ellos inevitables.

La solución que propone el autor respecto a este dilema en relación con el libre comercio es que, por precaución, no se deben dejar que los mercados financieros funcionen sin control. Deben estar respaldados por instituciones fuertes que controlen el capital y el mercado.

Otro asunto de controversia que plantea es el siguiente; La globalización financiera obliga a los gobiernos a prestar más atención a lo que quieren los banqueros (…) ¿Por qué iban sus exigencias a estar siempre, o la mayor parte del tiempo, en sintonía con lo que necesita un país?

Nos enfrentamos al dilema de a quién o qué sirven las instituciones, en un contexto de democracia deberían obedecer a las necesidades de un país, en un contexto de gobierno del mercado y no del pueblo deberían obedecer a las necesidades de los banqueros.

Países pobres en un mundo rico.

El autor plantea la siguiente pregunta; ¿preferirías ser rico en un país pobre o pobre en un país rico? Con ello ejemplifica el concepto de desigualdad entre distintos países; un rico de un país pobre no dista demasiado económicamente de un pobre en un país rico. Las diferencias entre los países que lograron un gran desarrollo económico durante el siglo XX están a mucha distancia de las naciones tercermundistas, siendo este uno de los grandes dramas de la globalización.

Estudia el desarrollo de los países industrializados y presta especial atención a los casos de China y Japón.

El fundamentalismo del comercio en los trópicos.

Durante el desarrollo del capitalismo y, simultáneamente, de la globalización durante el s.XX fueron muchos los economistas que expusieron sus teorías e ideas respecto al desarrollo de la misma, en este capítulo el autor llega a la siguiente conclusión; la búsqueda de la globalización pasó a sustituir a la estrategia de desarrollo y se convirtió en un fin en sí misma, en lugar de una oportunidad de ser explotada estratégicamente.

La nueva idea de globalización sostenible y que favorezca el desarrollo es la idea que persigue el autor insistiendo en el equilibrio entre Estados y mercados.

A la vez critica el fundamentalismo del comercio que aún sigue anclado a la OMC y a otras instituciones multinacionales.

El trilema político en la economía mundial

Las ideas de democracia, política o gobierno se enfrentan en ocasiones a la propia idea de globalización, considerando que esta cede el poder al mercado. Partiendo del ejemplo de la crisis económica argentina el autor dice que; democracia nacional y globalización profunda son incompatibles. Habría que analizar si de verdad vale la pena renunciar a la democracia que a muchos países les costó conseguir por la integración en un mercado y sistema global.

Para la compatibilidad de ambos conceptos una posibilidad sería lo que denomina “camisa de fuerza dorada” y sería que los países se sometieran a lo siguiente; libre comercio, mercados de capital libres, libre empresa y sector público pequeño.

Hay ocasiones en las que la globalización interfiere en las opciones democráticas, siendo, como mencionaba anteriormente, incompatibles.

El primer ejemplo de esto es respecto a los estándares laborales. El liberalismo supone la adquisición de un factor productivo al precio determinado por el mercado, incluido el factor trabajo, es decir, no defiende la existencia de salarios mínimos, convenios colectivos ni ningún tipo de derecho laboral. En casos en los que el trabajador cuente con poco poder de negociación respecto al empresario esto puede dar lugar a grandes abusos como ocurre en países del tercer mundo o subdesarrollados.

Por otra parte esto también influye en el comercio internacional ya que debido a las distintas legislaciones sobre derechos de los trabajadores de los países, a un empresario le sale más barato un trabajador de un país como India que uno de Francia. Esto da lugar a la deslocalización de empresas y a la consecuente pérdida de puestos de trabajo.

La competencia en el impuesto de sociedades da lugar a que las empresas prefieran asentarse en unos países antes que en otros lo que da lugar a lo que los economistas definen como “competencia fiscal internacional”.

Otros dilemas planteados son los referidos a los estándares de salud y seguridad, expropiaciones regulatorias, políticas industriales en países en vías de desarrollo…

Según este trilema político que relaciona hiperglobalización, nación estado y política democrática sólo sería posible elegir dos opciones de forma simultánea. Dani Rodrik se decanta por las que se relacionan mediante el compromiso de Bretton Woods, aunque manifiesta que el modelo de gobernanza global sería mucho más atractivo, a pesar de ser una mera ilusión ya que existe demasiada diversidad en el mundo para someter a los Estados unas reglas comunes producto de un proceso democrático, como intenta la Unión Europea. Lo que no tiene en cuenta es que al optar por una gobernanza global se deberían de suprimir los nacionalismos y con ellos se produciría una pérdida de indentidad de los pueblos la cual llevaría al olvido de las culturas tradicionales y nacionales a favor de la globalización también en términos culturales y sociales.

En definitiva a lo que habría que aspirar es a un nuevo compromiso de Bretton Woods adaptado al contexto actual. Dirigido a una “globalización inteligente que pueda mejorar la democracia nacional” si es esto posible, ya que actualemente el proceso de globalización únicamente responde a los intereses de empresas multinacionales, grandes bancos e inversores frente a los objetivos sociales y económicos.

¿Es viable un gobierno global? ¿Es deseable?

Siguiendo el desarrollo de la humanidad que pasa de la organización tribal a las ciudades Estado y posteriormente a las naciones Estado es lógico pensar que el gobierno global sería el siguiente paso.

Para esto sería necesario superar la tiranía de las naciones Estado y generar un nuevo contexto de solidaridad y apoyo entre las mismas, en el que no se enfrentaran ni culpabilizaran lo cual sería difícil de alcanzar. Como ya se trata en puntos anteriores la diversidad de las naciones también sería un obstáculo.

Parece que todo son argumentos en contra pero el autor encuentra un ejemplo de la posible viabilidad de este sistema; la Unión Europea. Esta institución ha logrado que sus integrantes tengan una moneda común administrada por el Banco Central Europeo y políticas económicas aprobadas en el Parlamento Europeo que el Tribunal Europeo de Justicia hace cumplir. Además de adoptar legislaciones comunes en distintos ámbitos de los derechos sociales.

A pesar de todo esto el fusionamiento político de las distintas naciones es la asignatura pendiente de la Unión Europea, ya que cada país mira en primer lugar por sus propios intereses al margen de la Unión. Esto se comprobó a raíz de la crisis del 2008.

Otros problemas a los que se enfrentaría la creación de un gobierno global serían el establecimiento de estándares globales referidos, por ejemplo, a asuntos de seguridad respecto a las mercancías; aplicación de soluciones basadas en el mercado…

Con el avance tecnológico y especialmente gracias a internet cada vez más personas se definen como “ciudadanos del mundo” debido a los pocos límites en cuestiones de comunicación. Esto debería favorecer a un intento de gobernanza global pero Dani Rodrik mediante el ejemplo de Netville ilustra que esto no tiene por qué ser así necesariamente. También dice que hay una división de élites que h ace que personas más ricas y con mayor nivel de estudios sean las que si se identifican con el concepto de ciudadanía global.

Diseñemos Capitalismo 3.0

Cuando surge la sociedad de mercado ideada por Adam Smith los gobiernos contemplaban su papel económico en términos restringidos, podemos decir que durante la primera parte del siglo XX surge lo que el autor denomina como Capitalismo 1.0.

A medida que el Estado empezó a desempeñar un papel cada vez mayor para proporcionar ayudas al bienestar y a la protección social, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló el modelo de “economía mixta”. Este modelo estableció un nuevo equilibrio entre Estado y mercado que dio como resultado un periodo de cohesión social, estabilidad y prosperidad en las economías avanzadas que duró hasta mediados de la década de 1970. Denominamos a esto capitalismo 2.0 y fue acompañado de una globalización limitada. Este sistema se hundiría definitivamente con la crisis de 2008.

Actualmente se debe reinventar el capitalismo orientado a una economía global, aplicar la economía mixta de Keynes al nuevo sistema que denominaríamos Capitalismo 3.0.

Dani Rodrik establece una serie de principios orientados a esta nueva globalización;

1. Los mercados deben estar profundamente integrados en sistemas comunes de gobernanza.

2.La gobernanza democrática y las comunidades políticas están organizadas, en gran medida, dentro de las Naciones Estado y es probable que sigan así en un futuro inmediato.

3.No existe “un único camino” hacia la prosperidad.

4.Los países tienen derecho a proteger sus propios sistemas sociales, normas e instituciones.

5. Ningún país tiene derecho a imponer sus instituciones a otros.

6.El objetivo de los acuerdos económicos internacionales debe ser la adopción de reglas de tráfico para gestionar la interfaz entre las instituciones nacionales.

7. Los países no democráticos no pueden contar con los mismos derechos y privilegios en el orden económico internacional que las democracias.

Estas medidas están ciertamente orientadas a lo que podríamos denominar como una “globalización sana” pero para ello es importante tener en cuenta que las instituciones sobre las que permanecería el control del sistema deberían estar regidas siempre según los intereses de los integrantes de las naciones Estado, con políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población y no ser instituciones donde son los intereses de las empresas los que gobiernan.

Por otra parte la integración de los países no democráticos en el sistema, integración que ya se produce actualmente, no hace más que favorecerlos por lo tanto se debería de imponer por norma el sistema democrático que respete, como mínimo, los derechos humanos.

Una globalización en sus cables

Por último, Dani Rodrik, establece una serie de principios aplicados a cuatro áreas clave que garantizarían el buen funcionamiento de los principios anteriores.

En primer lugar se debería reformar el régimen comercial internacional, adaptándolo a las nuevas reglas del juego, para ello habría que reformar varias normas de la OMC. Lo mismo ocurre aplicado a la regularización de las finanzas globales.

Aprovechar las ventajas de los flujos globales de mano de obra, siempre que los derechos laborales se cumplan en todos los países involucrados.

China tendría un papel muy relevante en el nuevo escenario económico mundial. La hegemonía económica que posee Estados Unidos puede entrar a competir con una nueva gran potencia como es China. Esto podría generar tensiones entre ambos países dado las grandes diferencias políticas, sociales y culturales de ambos. Esto debería ser controlado con el fin de alcanzar objetivos comunes.

Conclusión

En esta obra Dani Rodrik hace un gran análisis a través de la historia y de numerosos ejemplos de cómo la sociedad en su conjunto avanza hacia un mundo globalizado. Aporta una visión crítica dando nuevas ideas. Desde el punto de vista económico las nuevas ideas que plantea son consecuentes con el contexto actual y podrían dar buenos resultados pero parece dejar de lado las consecuencias humanas y culturales.

Cuando hablamos de globalización no podemos referirnos sólo a la economía ya que no sólo afecta a la estandarización de esta sino también se acabaría aplicando a la cultura y al modo de vida.

Habría que valorar el precio a pagar por los buenos resultados macroeconómicos y la verdadera repercusión en la calidad de vida de la población.

El progreso económico solo tiene sentido si va ligado al progreso social, a la reducción de las desigualdades, derechos laborales, educación y sanidad universal, políticas medioambientales…

Sólo de esta forma el mundo en su totalidad podrá alcanzar el máximo beneficio.

 

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