OCÉANO ÁFRICA, CRÓNICAS DE XAVIER ALDEKOA

aldekoa

No es extraño que un libro escrito por un periodista que trata sobre periodismo comience citando a Kapuscinski y esto es lo que nos encontramos al abrir Océano África, con una pequeña diferencia. El autor cita al maestro polaco, si, pero no con las típicas citas sobre lo maravilloso que es el periodismo, ni sobre cómo debe ser un periodista…esta vez se salta la teoría y cita la práctica. Aldekoa cita un fragmento de la obra Ébano, “Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos África. En realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.” Toda una declaración de intenciones sobre lo que nos vamos a encontrar en este libro, ni más ni menos que el ejercicio del periodismo en todo su esplendor.

Xavier Aldekoa (Barcelona, 1981) es corresponsal en África para el diario La Vanguardia y colaborador en Revista 5W. En los últimos años ha cubierto múltiples conflictos y temas sociales en Somalia, República Democrática de el Congo o Angola, entre otros. Océano África es su primer libro y en el presenta 21 crónicas desde lugares tan dispares como Mali, Sudáfrica, Botsuana, Sudáfrica, Nigeria…siendo denominador común de todas ellas su gente, la auténtica protagonista.

En cada crónica, sea cual sea el tema tratado, Aldekoa habla desde su propia experiencia, no de la experiencia que le pudo dar hacer un viaje a ese lugar, sino la experiencia de un periodista que vive su profesión, que se mezcla con la gente para entenderla, “si vosotros os mancháis los pies cada día, yo hoy me los voy a manchar también”. El periodista que respeta y admira con agradecimiento a cada una de las personas que le cuentan su historia. Empatía e interés sincero por sus protagonistas son rasgos presentes en cada línea del libro. La misión de dar voz a quienes no la tienen, “cuando les expliqué que era periodista ocurrió algo: decenas de hombres y mujeres se colocaron en fila para explicar su dolor”. Y Aldekoa nos lo explica a nosotros pero sin caer en sentimentalismos, no pretende hacernos llorar ni despertar conciencias a base de lágrimas, lo que pretende es hacernos entender. Entender el dolor de esas personas, su situación y también el contexto que las rodea, las causas históricas, el antecedente. No sólo las causas políticas, económicas o sociales también las culturales, tan importante como las otras. Si no entendemos la cultura de un lugar nunca podremos llegar a entender a su gente y esta es una lección que nos debemos aplicar como futuros periodistas y como personas. Cuando trata temas como la dote en el matrimonio (el conocido “comprar a una mujer con vacas”) no lo hace desde el punto de vista occidental sino que deja que sus protagonistas cuenten la importancia de sus tradiciones y cómo son estas interpretadas en su sociedad.

Bien es cierto que en un libro sobre África son muchas las desgracias que contar: hambre, guerra, pobreza, enfermedades, abusos sociales…temas que son tratados con cierta regularidad en los medios de comunicación de todo el mundo. Aldekoa da nombres y apellidos a cada problema, muestra historias concretas que nos dan una visión general de lo que pasa en esa zona. Lo que llama la atención es el positivismo que transmite. La humanidad. Nos encontramos con personas amables, con vidas destrozadas pero aún con razones para creer que todo puede ir a mejor, en definitiva con personajes que transmiten que la esperanza es una de sus pocas posesiones y que no están dispuestos a renunciar a ella.

Océano África no es un conjunto de crónicas bien escritas, no narra los peligros de un periodista en lugares conflictivos (y si lo hace desde luego que no con afán de protagonismo) ni siquiera es un retrato de este continente porque sería imposible abarcar tanta vida, tantas historias, tanta cultura y sus múltiples matices en una obra. Es, simplemente, lo que debe ser el periodismo. Aldekoa informa pero también enseña y hace pensar. Sobre el pasado, el presente y el futuro. Sobre las responsabilidades del mundo occidental en África. Sobre el sufrimiento pero también sobre la felicidad. 

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